domingo, 9 de febrero de 2014

LA CARA OCULTA: tortura.



Lo primero que sintió Kaila al recuperar la consciencia fue una fuerte presión en sus dos muñecas, un agudo dolor por la zona de la nuca y un pequeño escozor en la barbilla, seguramente la caída de la última pelea le había hecho una buena herida. Abrió con cuidado los ojos para cerciorarse de que se encontraba sola y, cuando estuvo segura, se incorporó con rudeza. Se sentía frustrada y furiosa, quería romper todo cuanto estuviese a mano; se miró sus muñecas y lo que vio empeoró mucho más su estado de ánimo. Unos grilletes oxidados oprimían con fuerza sus extremidades y las cadenas que había en ellas llegaban hasta la pared de hierro, provocando que la joven no tuviese prácticamente capacidad de movimiento. Consumida por la ira empezó a darles golpes contra el suelo sin éxito alguno.
-No fastidies, esto debe de ser una broma-. Intentó concentrarse en sus ataduras para formar un campo de fuerza pero algo no estaba del todo bien, no conseguía activarlo por más que lo intentase, era como si le hubiesen desconectado el interruptor.
-Genial, era justo lo que me faltaba, no me digas que el golpe me ha dejado tonta de verdad-. Suspiró, exasperada y luego comenzó a lanzar por los aires la paja en la que estaba sentada; al hacerlo creyó escuchar una pequeña risita no muy lejos, se quedó totalmente inmóvil y observó con detenimiento la oscuridad que reinaba en la otra mitad de la celda; cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra pudo distinguir un par de bultos temblorosos en una de las esquinas. Suponiendo que eran prisioneros demasiado atemorizados como para salir de su escondite decidió controlarse y animarles con una sonrisa.
-Podéis salir, no muerdo y, aunque lo hiciera, no creo que pudiese llegar a vosotros-. Y movió las cadenas juguetonamente.
Aquello pareció surtir efecto porque una niña de unos cinco años con unos cabellos encrespados de color castaño comenzó a acercarse a gatas.
-Anda, hola pequeña-.
Ella sonrió pero la voz del que debía ser el segundo bulto la detuvo:- ¡Quieta! ¡Ni se te ocurra acercarte más! Puede ser otro de sus trucos-.
-¿Trucos, de verdad piensas que tratarían así a uno de los suyos?-. Se arrepintió al instante cuando lo dijo; Drake trató como una auténtica prisionera a su hija para que cayesen en su trampa ¿Por qué no iba a poder hacerlo de nuevo?
Fue entonces cuando el niño decidió dejarse ver, tendría unos ocho años y parecía hambriento y deshidratado; rápidamente se puso delante de la niña y alzó sus brazos en ademán protector:- Pues sí, no sería la primera vez-.
Y Kaila, para su sorpresa, asintió con la cabeza:- Pues sí, estoy de acuerdo-.
-Entonces ¿Lo estás admitiendo?-.
-¡Ni en sueños!-. Aquel arrebato asustó a los dos niños:- Ni en mis peores pesadillas podría estar en el mismo bando que un psicópata como Drake, sólo de pensarlo me pongo mala-. Dijo mientras fingía un escalofrío.
La niña comenzó a reírse:- Es divertida-.
-Más bien rarita-.
-¡Oye!-. Protestó Kaila.
El niño asintió para sí:- Nunca han enviado a nadie así, quizás dice la verdad, pero ¿Por qué te han encerrado?-.
Kaila suspiró:- Porque soy su enemiga, pertenezco a un grupo que lucha contra él pero no me mata porque quiere un poder que yo tengo-.
Los ojos de la niña brillaron a causa de la emoción:- Qué guay-.
-No te lo creas, es mentira, es muy joven y los poderes no existen-.
Su incredulidad le molestó más de lo que esperaba así que decidió demostrárselo:- Aunque estás haciéndote el valiente estás muerto de miedo, deben de haberte hecho daño porque también sientes mucho dolor, además de dos tipos, físico pero también psicológico, por su magnitud diría que por la pérdida de alguien importante; estás muy preocupado por la niña, que también es muy importante para ti y quieres protegerla. La niña por el estilo aunque quizás está un poco menos atemorizada que tú, por lo que veo debéis de haber presenciado cosas terribles. Sois hermanos ¿Verdad?-.
Pero el chico no respondió, estaba demasiado sorprendido:- ¿Cómo sabes todo eso? ¿Eres adivina?-.
Kaila se rio:- Que va, puedo ver lo que sentís a través de vuestros ojos, si son muy fuertes puedo sentirlos yo misma-.
Al escuchar aquello la niña se arrastró hacia Kaila, se sentó en sus piernas y la abrazó:- Lo siento-.
Sonrió, era muy lista, era consciente de la magnitud del dolor que sentía por lo que había deducido que su nueva compañera también lo estaba sufriendo.
-¿Cómo habéis acabado vosotros aquí?-.
La niña se recostó en ella y el chico se estremeció:- Atacaron nuestro pueblo, vimos cómo asesinaban gente, a algunos de los adultos se los llevaron pero no sabemos para que, a nuestros padres y a nosotros nos dejaron juntos al principio pero un día vino un señor y les dijo que era hora de jugar, no sabemos lo que les hicieron pero cada día aparecían más mal heridos hasta que, a la semana, murieron. Nos llevaron a la zona de niños y nos hicieron pruebas, algunas muy dolorosas, cuando terminaban nos dividían en dos grupos, uno era el bueno y otro el malo, nosotros acabamos en el malo, pensamos que nos iban a matar, estuvimos sin comer y beber mucho tiempo pero esta mañana nos dieron un poco de agua y pan y nos trajeron aquí, luego apareciste tú por eso creíamos que eras nuestra asesina-.
Kaila tragó saliva:- Vaya-.Algo le olía mal ¿Por qué alimentar a dos niños a los que iban a dejar morir? ¿Era coincidencia que les hubiesen llevado a la misma celda? Imposible; se le revolvió el estómago al intentar imaginar qué era lo que tenían planeado, todo aquello era una locura.
La niña comenzó a jugar con el pelo de Kaila:- Nos vas a salvar ¿Verdad?-.
Al instante se le formó un nudo en la garganta ¿Qué debía decir? No podía desvelarles su teoría:- Lo… lo intentaré, de verdad que me gustaría sacaros de aquí-.
El niño suspiró y la niña se quedó relajada entre sus piernas; Kaila estaba intentando encontrar una solución cuando se escuchó el sonido de la puerta al abrirse, todo su cuerpo se tensó y los niños se escondieron con dificultad detrás de ella. Se levantó y se encaró como pudo al musculoso hombre que tenía delante, pero cuando se encontró con sus ojos se quedó sin respiración. Instintivamente agarró a los niños, algo que le debió parecer divertido al carcelero porque sonrió.
-Te lo advierto, ni se te ocurra acercarte-.
Él se acercó unos cuantos pasos y sonrió:- O qué-.
Kaila no vaciló:- O te daré una paliza que no olvidarás en la vida-.
Como era de esperar el hombre no hizo caso, alargó la mano para coger a uno de los niños y, en cuanto lo hizo, Kaila lanzó su pierna, le dio una fuerte patada en la barbilla que le desorientó y luego le incrustó el pie en la boca del estómago lo que hizo que se apartase, tambaleante. Kaila intentó acercarse para rematarle pero las cadenas se lo impidieron, quiso deshacerse de ellas tirando pero no consiguió nada. Los niños sonrieron al ver la fuerza de su nueva compañera, debían de sentir por primera vez algo de esperanza, pero el haber podido darle un par de golpes no cambiaba la situación en la que se encontraban y Kaila era muy consciente de ello.
El hombre le lanzó una mirada envenenada pero ella se mostró impasible:- Serás zorra, vamos a ver hasta dónde llega esa resistencia-. Lanzó un silbido y otros dos guardias aparecieron; sintió como se le encogía el estómago ¿Qué iba a hacer?
-Encadenadla en la pared, no quiero que mueva ni una sola parte de su cuerpo-.
Los soldados obedecieron al instante, en cuanto sintió sus manos encima comenzó a forcejear, les dio unos cuantos golpes que les hizo retroceder pero no tardaron mucho en conseguir su objetivo. Sintió como apoyaban sus muñecas en el frío hierro y las aprisionaban con unas nuevas cadenas; los niños, al ver que la situación se estaba complicando, se separaron cuanto pudieron y se acurrucaron en una esquina intentando de esa manera pasar desapercibidos. Cuando por fin consiguieron atar sus tobillos y su abdomen el hombre acercó su rostro al de ella; podía sentir perfectamente su aliento putrefacto, pero no se echó hacia atrás.
-Te va a encantar lo que te voy a mostrar ahora, encanto-. Kaila frunció el ceño y le escupió en la cara; el hombre gritó violentamente y, cuando se hubo limpiado, le dio un inesperado puñetazo en la cara. Tuvo la sensación de que la cabeza le había comenzado a dar vueltas, la nariz empezó a sangrarle por los dos orificios, sentía como sus piernas le temblaban pero gracias a los grilletes nadie se dio cuenta. El hombre le agarró con rudeza por la barbilla herida y, cuando se encontró con sus ojos, susurró:- Empecemos-.
Este se volvió hacia los niños justo cuando alguien metía un extraño instrumental en la sala, al principio Kaila no supo interpretar para qué podían necesitar aquello, pero cuando escuchó los gritos de los pequeños todo encajó.
-¡No! ¡Espera! Sé que te gustaría jugar conmigo a ese juego ¿Verdad? Déjalos en paz-.
Él se dio la vuelta un momento y sonrió:- Entonces no sería divertido-.
El niño se había puesto delante de su hermana, el pecho le subía y le bajaba a una velocidad vertiginosa; al verle el hombre le cogió por la camiseta y le lanzó por los aires provocando que se diera un fuerte golpe contra la pared. El niño intentó como pudo volver junto a la pequeña pero uno de los guardas le cogió, le arrancó la camiseta y le colgó al techo por las manos. El hombre cogió a la niña por su pelo y la arrastró hasta donde tenía el material, luego la sentó en una silla y la inmovilizó con unas hebras de cuero.
-Vamos a jugar a un juego ¿Vale? Yo te voy a hacer una serie de cosas que te van a doler pero tú tienes que intentar no gritar porque si lo haces castigaremos a tu hermano ¿Lo has entendido?-.
Al escuchar aquello Kaila comenzó a luchar otra vez contra sus ataduras:- No lo hagas, son sólo niños-.
Él sacó un cuchillo, lo apoyó en el brazo de la niña y miró a Kaila:- Por eso mismo lo hago-.
Y dicho aquello comenzó a dibujar una línea por el brazo de la pequeña, la sangre brotó al instante y el primer grito salió de entre sus labios.
-Vaya, pues sí que empezamos mal-.
El soldado que había al lado del niño sacó un látigo bañado en una especie de sustancia química y le pegó con todas sus fuerzas en la espalda, al ver aquello Kaila no pudo reprimir una arcada, la piel que había sido tocada por aquel líquido se estaba deshaciendo. Al percatarse la niña comenzó a llorar lo que fue un grave error porque había otro castigo para esos casos.
-Anda, no te lo he dicho, si lloras, también te lo haremos a ti-.
-¡No!-. Pero el grito de su hermano no sirvió de nada, el látigo colisionó con la pequeña espalda de la pequeña, el dolor era tan insoportable que la niña gritó hasta que sus cuerdas vocales se desgarraron, lo que hizo que su hermano recibiese uno más.
Kaila intentó apartar la mirada, aquello era insoportable, pero el soldado que había a su vera la obligaba a contemplar la escena. Las torturas fueron aumentando conforme pasaba el tiempo, los gritos y las súplicas resonaban en los tímpanos de la joven provocándola un terrible dolor de cabeza, ya ni siquiera era capaz de reconocer aquellas masas palpitantes que se retorcían en el suelo, no podía entender cómo sus corazones podían seguir latiendo. Estaba a punto de perder el conocimiento, el olor de la sangre y la carne quemada había penetrado en ella provocándola unas fuertes arcadas, si seguía en pie era gracias a las cadenas que la aprisionaban contra la pared. Estaba a punto de caer inconsciente cuando el hombre se acercó a ella y le dio un par de bofetadas para que se despejase.
-Ya no eres tan fuerte ¿Verdad?-. La agarró con fuerza de la mandíbula y la obligó a ver lo que quedaba de los niños:- Mírales, ni siquiera parecen humanos y de algún modo siguen con vida-.
No pudo aguantarlo más, sintió como un líquido caliente subía rápidamente por su garganta, intentó retenerlo en la boca pero no lo consiguió, lo expulsó casi con ansiedad hasta que su estómago se vació. El hombre había conseguido apartarse a tiempo, cuando la joven terminó él comenzó a reírse.
-Vaya, muy bonito, será mejor que lo dejemos por ahora, pero no te equivoques-. Su semblante se ensombreció y con fuerza atrapó la garganta de Kaila entre sus manos:- No te dejaré en paz, cada media hora vendré con otro par de niños y les haré lo mismo que a estos, te haré verlo una y otra vez hasta que no seas capaz ni de saber quién eres-.
La soltó bruscamente, luego cogió un cuchillo y se acercó a lo que quedaba de la niña, no quiso demorarse más por lo que se lo clavó directamente en el pecho; luego le tocó al niño, cuando le cogió Kaila pudo distinguir sus ojos y no pudo aguantar las lágrimas cuando vio que lo último que iba a sentir antes de morir iba a ser un oscuro odio hacia ella por haberles dado falsas esperanzas.