domingo, 23 de abril de 2017

La belleza de la literatura.



Libros, universos enredados que llegan a nosotros a través de los ríos de palabras que se materializan en las hojas blancas.

Los libros están vivos, los mundos que en ellos habitan siguen el camino que el destino les impone. Sus historias traspasan la barrera del tiempo, llegan a nosotros independientemente del lugar o del año en el que transcurre, con el único fin de caer en nuestras manos; de formar parte de nuestra vida.

El escritor es la herramienta para que esto suceda, es el encargado de traspasar esa magia a un folio antes de que desaparezca y se lo trague el olvido, pero ¿Por qué?

Porque un libro es algo más que un conjunto de folios con un montón de palabras. Los libros contienen alma, comparten con nosotros experiencias que pueden ayudarnos a afrontar los problemas, nos enriquecen por dentro y nos regalan momentos llenos de amor, fantasía e incluso dolor.

Nos da el poder de ser cuanto queramos, de creer en lo absurdo y de abrirnos los ojos a un mundo al que muchas personas no son capaces de acceder, un mundo donde las hadas, la magia y la paz existen con más fuerza que la misma realidad.

Son universos donde lo imposible se hace posible, donde las elecciones son infinitas y los sueños pueden convertirse en realidad. Aquí dentro te puedes permitir quitar la máscara que se supone tienes que mostrar ante la sociedad y liberar a ese inocente yo que escondes en lo más profundo de tu ser.

Son luz, esperanza, amistad y compasión, pero también son oscuridad, indecisión, avaricia y sufrimiento.

Porque al final un libro es el reflejo del sistema en el que nos movemos, es el reflejo de nuestra persona y de aquellos que están vinculados a ella.

Porque un libro puede ser nuestro mejor amigo, pero otro puede ser nuestra peor pesadilla.

Sin duda, estos pequeños obsequios que nos han otorgado nuestros antepasados son algo muy especial, pueden llegar a cambiarte la vida y apoyarte en los peores momentos, incluso pueden convertirte en una versión mejorada de ti mismo.

Y lo más impactante es que todo esto lo hacen sin esperar nada a cambio, sin importarles que sus amados lectores vayan abandonándoles poco a poco, porque ellos siempre estarán ahí cuando más los necesiten.

Así que yo lo atesoraré y lo cuidaré, como él siempre ha hecho conmigo y como sé que siempre lo hará.


¡Feliz día del libro!