miércoles, 14 de septiembre de 2016

Alzando el vuelo.


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A veces no puedo evitar envidiar a los seres vivos que son capaces de salir volando de aquí.

Ansío esa libertad, esa sensación de ingravidez y el choque contra las ráfagas de viento que acaban sucumbiendo ante sus alas.

Volar es fuerza, ganas de luchar y de seguir adelante. Es desprendernos de nuestros miedos y atrevernos a llegar hasta horizontes todavía desconocidos.

Creo que era lo que buscaba de pequeña cuando me ponía los patines, siempre tuve la sensación de que unas alas se abrían a mi espalda cada vez que la velocidad me envolvía. Pensaba: "Un poco más rápido, solo un poco, así conseguiré desplegarlas y, con un suerte, podré alzar el vuelo...".

Lo sé, estos pensamientos son demasiado complejos para ser los de una niña, el cerebro todavía no está lo suficientemente desarrollado; pero entonces ¿Cómo puedo estar tan segura de que era eso lo que sentía en mi interior?

Quizás fuese algo inconsciente, puede que las sensaciones físicas se adelantaran a las emocionales, no lo sé, de lo único de lo que estoy segura es de que siempre me han atraído estas ideas.

¿Es imposible que un humano vuele? Pues lo más seguro es que todo ser pragmático o racional me diga sin ningún rodeo que sí, pero yo no podría estar de acuerdo.

¿Por qué no íbamos a poder? Creo que todos tenemos un par de alas en nuestra espalda, esperando ser despertadas y utilizadas para impulsarnos cuando más lo necesitemos.

Nos anclamos al suelo y no nos damos cuenta de que tenemos que mirar más allá. Tenemos una mente que se expande y que puede encontrar caminos donde, a veces, parece que no hay.

Hay infinitas posibilidades, infinitos mundos y casi ninguna restricción.

¿Por qué la imaginación tiene que ser cosa de niños? ¿Por qué es infantil cerrar los ojos y creer que tienes poderes sobrenaturales? ¡No es así! Y aquellos que lo crean son los que tendrán más dificultades a la hora de enfrentarse a los problemas, son los que aprisionarán sus alas, huirán y notarán un peso inexplicable y agotador en sus hombros.

Yo intento no ser una de ellos, intento convencerme de que el concepto de volar es mucho más complejo de lo que nos enseñan en la escuela, de que hay muchas maneras de conseguir llegar hasta el cielo; pero incluso a mí en ocasiones me cuesta recordarlo.

Quiero aprender a extenderlas siempre, a dejar que me guíen y me enseñen hasta dónde soy capaz de llegar.

Creo que, poco a poco, podemos conseguir que se despierten de su letargo. Con fuerza y positividad podemos llegar a tener el mundo en nuestras manos. Es lo que tenemos que hacer, tenemos que aprovechar la vida e intentar conseguir hasta lo que se supone que es imposible, porque si no, en un futuro, podemos arrepentirnos de las oportunidades desperdiciadas y de los recuerdos efímeros... y no debemos permitirlo.

¡Volaremos! ¡Y lo haremos hasta donde nuestras alas nos lleven!

"Y vuela...
vuela alto mientras puedas,
que la vida es una rueda...
que nunca frena".

Alex Ubago - Qué pides tú