martes, 23 de diciembre de 2014

Luces y sombras


Un viento glacial asolaba sin piedad las calles abarrotadas de Madrid aquel 24 de diciembre de 2013. Era la víspera de noche buena, momento en el que todos los habitantes de la ciudad deberían estar preparándose en sus casas para pasar una agradable velada junto a sus familiares más cercanos; al menos eso era lo que le habían enseñado en la escuela.

Un pequeño ser, resplandeciente y con unas pequeñas alas de libélula saliendo de sus omoplatos, danzaba felizmente a lomos de una de aquellas despiadadas ráfagas de aire. Se mostraba emocionada, eufórica, su dorada piel de hada relucía con tal fuerza que superaba la de muchas estrellas que observaban su viaje desde el firmamento.

Era el primer día que la permitían salir de la hondonada de las hadas, la primera vez que podría ver el mundo humano que con tantas ansias había deseado conocer. Le habían contado incalculables historias, le habían enseñado los valores que más importancia tenían  y se había memorizado con todo lujo de detalles cada ritual y cada celebración que hacían para recordar lo que verdaderamente importa.

En su cabeza tenía un mundo idealizado lleno de personas rebosantes de dicha y solidaridad, es por eso por lo que se llevó tal decepción al llegar a su destino. Ya le habían advertido que ante ellos los seres humanos se presentaban con halos de luz fluctuando alrededor de sus cuerpos o con sombras que intentaban deteriorar su alma. Pensó, sobretodo siendo el día que era, que las luces superarían con creces a sus contrarios, pero resultó que no era así.

Las personas que andaban por las calles iluminadas arrastraban sus pies como si de zombis se trataran, parecían desolados, hundidos, y las sombras se pegaban a ellos como sanguijuelas ávidas de sangre. Había muy pocas que estuvieran envueltas por la felicidad, pero ¿Por qué?

La pequeña hadita no conseguía entenderlo. Su antecesora, la que le había pasado el puesto de guardiana de los humanos, ya le había advertido. Le había explicado que estaban siendo derrotados, que por mucho que lo había intentado, no había conseguido mantener viva la esperanza en sus corazones, pero la pobre ingenua no había querido creérselo ¡Era tan bonito lo que había leído en sus libros!

Tenía que hacer algo, acercarse a ellos y sanar sus almas heridas, pero había una especie de demonio que no se lo permitía, la empujaba con furia y la bloqueaba. Era demasiados humanos perdidos para una sola hadita ¿Qué se suponía que podía hacer para ayudarles? ¿Para que ese espíritu navideño del que tantas veces había oído hablar volviera a significar algo para ellos?

No sabía hacia donde ir y su luz había comenzado a debilitarse. Estaba comenzando a arrepentirse por haber aceptado aquel puesto de trabajo cuando vio a una pequeña niña a través de una ventana. La casa era extremadamente pequeña y la familia parecía muy pobre, casi no tenían suficiente para los cinco miembros de la familia, pero aun así el aura que envolvía a la pequeña era el más puro que había visto desde su llegada.

Desconcertada y curiosa, el hada esperó pacientemente en el alfeizar de la ventana hasta que consiguió la oportunidad que había estado esperando. Cuando la niña se quedó sola se presentó ante ella. No gritó, ni siquiera pareció sorprenderse. Irradiaba gran alegría y felicidad. Sin duda era alguien único.

La hadita, acabadas las presentaciones, no pudo evitar preguntar el motivo de su júbilo cuando, claramente, su familia no había triunfado en la vida.

—¿Por qué dices que no somos triunfadores? —preguntó la niña — Yo creo que mi familia es la más afortunada, quizás no tenemos todos los juguetes del mundo ni mucha comida, pero puedo estar con mi papá, mi mamá y mis hermanitos. Mi mamá y los gemelos podían haberse ido al cielo porque estuvieron muy malitos, pero se salvaron y estoy muy agradecida por ello. No me importan los juguetes, sólo me hace feliz que sigan a mi lado.

La hadita se contagió por la inocencia y la bondad de aquella niñita, no superaría los seis años, pero eran las palabras más enriquecedoras y sabias que había escuchado en toda su pequeña existencia.

Ya sabía lo que tenía que hacer, cual era esa medicina que necesitaban las personas torturadas que asolaban la ciudad. Necesitaban que alguien les abriera los ojos y les recordaba que no estaban solos, que siempre había algo por lo que dar gracias y que no todo lo que les pasaba era malo. Podemos aprender incluso de las situaciones que en un primer momento nos parecen insufribles.

A eso es a lo que se dedica ahora nuestra pequeña amiga, se acerca a todos aquellos que están siendo perseguidos por las sombras, se mete en su cabeza y despierta esos recuerdos que estaban siendo oprimidos por el cansancio y la impotencia; se cuela por las defensas de los demonios, toca todos esos corazones dañados que han olvidado a las personas a las que aman y hace emerger de nuevo esos sentimientos positivos que liberan el alma. Despierta de nuevo la luz.

Es un trabajo cansado, agotador, en muchas ocasiones piensa que no va a poder seguir adelante, pero en seguida se arrepiente porque sabe que no puede abandonarlos, sería egoísta, así que sigue acercándose a las sombras cada día, a cada segundo, con la esperanza de que algún día llegue el momento de que los corazones de los humanos sanen.

¿Qué os parece si ayudamos a este benévolo ser que nos cuida con tanto mimo? Aprovechemos estas fiestas para hacer las paces con el mundo, con la sociedad, aprovechemos el momento y disfrutemos de las cosas buenas que nos da la vida, de las personas que están a nuestro lado y que tanto nos quieren. Olvidémonos de los malos tragos aunque sea por una noche y saquemos lo positivo de las cosas. De ese modo ayudaremos a nuestra guardiana y la dejaremos descansar.


¡FELIZ NAVIDAD MIS GUARDIANES! ¡DISFRUTAD DE VUESTRA FAMILIA Y SER MUY FELICES!