martes, 15 de abril de 2014

SUEÑOS: La ruptura



Las tres de la mañana, nunca le había costado quedarse dormido pero según aquel reloj llevaba dos horas dando vueltas en la cama intentando conciliar el sueño, intentó nuevamente encontrar la posición más cómoda, sin embargo todas le parecían, al cabo de un rato, demasiado artificiales. Se incorporó y observó la oscura habitación, todo se encontraba siniestramente inmóvil, lo único que se escuchaba era la fuerte respiración de su amigo en la cama de al lado. Quiso llamarle pero al conseguir ver su cara supo que iba a ser imposible despertarlo; resignado, se tiró en la cama e intentó cerrar los ojos, pero sus párpados no atendían sus peticiones, en esos momentos deseó con fuerza estar metido en su caliente y protectora cama rodeado de sus queridos cuadros que había tenido que dejar abandonados y que le habían protegido durante tanto tiempo. Un curioso sonido hizo que dejase de soñar despierto, se incorporó nuevamente y se concentró en él; parecían pequeños golpes procedentes de la puerta de cristal de la terraza, cuando miró se fijó en que había una borrosa silueta dibujada en las persianas de color melocotón. Se puso algo nervioso ¿Y si era alguno de sus perseguidores? Aunque si lo pensaba detenidamente era una idea descabellada, si era alguno de ellos no se hubiera molestado en llamar ¿Oh a lo mejor sí? En algunas películas había visto ese tipo de escenas, lo solían hacer para despistar a sus presas ¿Y si era ese tipo de trampa? Rápidamente buscó algo con lo que protegerse y lo primero que encontró fue un jarrón que había de decoración en la mesa, se acercó cuidadosamente intentando no hacer ruido y, cuando hubo llegado a las cortinas, agarró con cautela uno de los extremos y se asomó; al ver quien era soltó rápidamente el jarrón, el sonido inundo el cuarto pero aquello no pareció despertar a David, luego cogió el jersey y el pantalón del colegio y se los puso por encima de sus calzoncillos azules para así conseguir refugiarse del frío; descorrió las persianas y abrió la puerta.
-Hola ¿Qué haces aquí fuera a estas horas? Deberías estar descansando-.
Maika sonrió:- Estoy bien, es que quería que me acompañases, me apetecía ver las estrellas, aunque por un momento había pensado que estabas dormido-.
Ian salió de la habitación, cerró la puerta con cuidado y luego cogió su mano para acompañarla hacia la barandilla:- Después de todo lo ocurrido era imposible que esta noche pudiese dormir-.
Maika miró hacia el cielo, aquella noche estaba salpicado por millones de pequeñas luces radiantes; las facciones de la joven se relajaron considerablemente y una dulce sonrisa decoró sus labios, Ian la imitó y consiguió sentir lo mismo que estaba sintiendo ella en aquel momento, algo de paz.
-Cuando era pequeña alguien me dijo que la luz de las estrellas podía curar el alma, que con sólo mirarlas podía encontrar paz incluso en los peores momentos-.
Ian cerró los ojos:- Quien te lo dijera era alguien muy sabio-. Sonrió:- Mis padres también me lo decían-.
Ella se comenzó a reír lo que hizo que el joven abriese los ojos y la mirase.
-Fuiste tú quien me lo dijo-.
La mente de Ian se puso en blanco, no supo cómo reaccionar ante aquello:- Ya veo-.
Apartó su mirada, incluso habiendo estado soñando con ella todo ese tiempo había ciertas cosas que aún no recordaba ¿Cómo debía reaccionar exactamente ante aquella declaración? No lo sabía.
-Lo siento, de verdad lo siento-.
Ian volvió a mirarla, su rostro estaba plagado de lágrimas; el comenzó a negar con la cabeza:- Maika…-.
-De verdad que yo nunca pensé que pasaría esto-. Ian acarició sus mejillas para enjugarselas, tomó su rostro y la sonrió. Maika le abrazó con fuerza y escondió su lloroso rostro en el pecho del joven mientras seguía desahogándose:- Todo lo que he hecho durante todos estos años ha sido para ayudarte, para protegerte, pero ahora no sé si todo lo que he hecho ha tenido sentido. De verdad que yo nunca te he querido hacer daño-.
Ian acariciaba dulcemente sus cabellos y la apretaba con fuerza, no soportaba verla de aquella forma:- Lo sé, tranquila, nunca te he culpado y nunca te culparé-.
Ella apretó con fuerza el jersey que llevaba puesto Ian:- Pero sí que es mi culpa-.
El negó con la cabeza:- No lo es-.
-Sí, sí lo es, el problema es que no sabes por qué pero si lo supieras me culparías-.
Ian la apartó un poco de si:- Entonces dime el por qué-.
Pero Maika cerró los ojos:- Es que no puedo-.
-Maika…-.
Pero ella no le dejó, no podía dejar que siguiera, las lágrimas salían sin cesar de sus ojos, lo que estaba a punto de decir era algo realmente doloroso:- Ian no te quiero causar más dolor dándote falsas esperanzas así que necesito que me escuches atentamente-. Maika se detuvo durante unos instantes e Ian se mantuvo durante ese tiempo en absoluto silencio:- Ian yo te quiero, te he querido desde que te tiraste por un puente para recuperar mi conejo de peluche; esto te lo quería decir para que supieras lo mucho que me duele también a mí decirte lo que te tengo que decir-. Hizo una breve pausa, los sollozos estaban a punto de salir a la luz:- No me esperes porque nunca podremos estar juntos, solo me puedes tener como amiga-.
Algo dentro de Ian se rompió a traición, las palabras que acababa de escuchar se repetían incesantemente en su cabeza pero no les encontraba sentido alguno:- Maika, pero qué estas…-.
El cuerpo de Maika comenzó a temblar y ella se tapó la boca con sus manos:- Por favor no lo hagas más difícil-.
Él apartó las manos de los hombros de la joven:- ¿Por qué?-. Las lágrimas comenzaban a asomarse por los párpados del chico:- ¿Por qué? No lo entiendo-.

-Es mejor así-. Y dicho eso Maika corrió hacia la puerta de su habitación, Ian escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, pero él siguió allí mirando a la nada, no conseguía entender nada ¿Acaso había hecho algo mal? Intentó llegar a la puerta de su cuarto pero le resultaba realmente difícil, sentía como si su cuerpo estuviese cubierto de plomo; cuando llegó a su cama se tiró y se dejó llevar por el dolor.