jueves, 10 de abril de 2014

Los lectores en nuestra sociedad.


Los lectores: amantes de la palabra escrita, intelectuales, investigadores de mundos… podríamos encontrar varias maneras tan hermosas como las anteriores de definir a estos individuos, pero la sociedad actual no lo ve de esta manera. Para la mayoría son marginados sociales, personas antisociales que se mantienen ocultas en las sombras; en la adolescencia nuestros congéneres nos hacen pensar que somos extraños ¿Es normal que te guste quedarte en tu casa leyendo un nuevo libro o irte al banco del parque con tu relato favorito y sumergirte en él durante horas bajo los cálidos rayos del sol? Para nosotros (los lectores) sí, pero los demás creen que lo que deberíamos estar queriendo hacer es irnos de fiesta con nuestros amigos durante toda la noche o sentarnos en un descampado para emborracharnos y criticar a todo aquel que esté en nuestro punto de mira. Te marcan de tal modo por no tener gustos similares a los suyos que consiguen hacerte daño, llega un momento en el que te crees lo que te están diciendo; piensas ¿De verdad seré un bicho raro? Debe de ser así porque no conoces a nadie que le guste leer. Durante años personalmente pensé que nuestra sociedad estaba perdiendo esa costumbre tan maravillosa, me avergonzaba pasar a una librería y ver que era la única chica joven que buscaba libros; ahora sé que no debería de haber sentido aquello, y no sólo porque había más chicos como yo escondiéndose de los ojos prejuiciosos que nos rodeaban, sino porque esa gente es la que debería sentirse avergonzada. Ellos desconocen el encanto que los envuelve; no conocen el cosquilleo que te produce el tacto de la portada de un libro que te ha hechizado, el olor a nuevo de uno que has estado esperando con impaciencia, la expectación y la euforia que te produce encontrar y tener un nuevo mundo en las palmas de tus manos, la emoción que te embarga cuando tu dedo índice se prepara para pasar a la siguiente página en busca de la continuación de esa historia… Podría pasarme horas hablando sobre los placeres que produce la literatura, pero no tenemos tanto tiempo.
La cruda realidad es que en la sociedad lideran aquellos que etiquetan a los lectores como empollones, los apartan, los ven débiles por lo que marcan su territorio utilizándoles como ejemplo para los demás. La ironía en todo esto es que, seguramente, si todos los amantes de la lectura saliéramos a la luz, podríamos contra los opresores porque somos más de lo que incluso nosotros mismos creemos; podríamos juzgarles tanto como hacen ellos, podríamos llamarles ignorantes, iletrados, analfabetos…  cualquier término hiriente que estuviera relacionado. El problema es que no lo hacemos ¿Por qué? Ni yo misma lo comprendo, quizás porque no lo pensamos de verdad y no vemos la necesidad de lanzar palabras vacías a unos oídos que ni siquiera nos van a oír, también es cierto que solemos ser más introvertidos y pacifistas que los demás por lo que meternos en controversias no nos llama la atención.
El caso es que preferimos quedarnos en silencio, algunos se apartan y otros simplemente ocultan su afición, pero, al final, hacemos simplemente lo que se espera de nosotros, mantenernos en las sombras.

Es muy triste porque haciendo esto les estamos dando la razón, pero ¿Qué otra cosa podemos hacer? Pues podemos aprender, no paramos de leer relatos en los que el protagonista se enfrenta a todos los problemas que se le presentan sin ceder ante ellos, si dichos personajes pueden ¿Por qué no nosotros? Gracias a nuestra afición tenemos más facilidad para resolver determinadas situaciones, nuestra mente es ágil y se demuestra en más casos de los que os creéis. En realidad lo único que sucede es que los libros les intimidan por culpa de los colegios (que no digo que sean malos, pero el verte obligado a estudiarlos y a examinarte de ellos hace que se forme cierta repulsión); demostremos que no todos son amenazantes, enseñemos que los libros pueden transportarnos a otros mundos distintos y mejores; quizá, cuando hagamos esto, los lectores puedan volver a darse a conocer, puede que en un futuro podamos dejar de ser los marginados y convertirnos en un grupo más de la sociedad.