jueves, 24 de abril de 2014

La fuerza de vivir (2ªparte)

 Esta es la segunda parte de la historia que empecé a subir la semana pasada, si no os habéis leído la primera parte recomiendo que lo hagáis antes de seguir con esta.
¡ESPERO QUE OS GUSTE!


Los pitidos de las máquinas me despertaron de mi letargo, sentía mi cuerpo dolorido, los músculos no me respondían y sólo conseguía respirar a través de un tubo que mandaba oxígeno directamente a mis pulmones; seguía viva, intubada, pero por lo menos mi corazón seguía latiendo. Escuché ruidos a mi alrededor, allí había varias personas, seguramente entre ellos estarían mis abuelos. Todavía recordaba el momento en el que les conté que una discográfica me quería contratar, mi abuela se negó, no estaba dispuesta a dejarme entrar en aquel mundo; pero luego mi abuelo, a escondidas, me dio su autorización. Desde ese momento él siguió todos los pasos que daba en mi carrera siempre teniendo a su mujer a raya para que no se enterase; hasta el día anterior al concierto no lo descubrió; siempre recordaré el dolor que desprendían sus ojos cuando habló conmigo, gracias a Dios es un punto ya resuelto. Sentí el tacto de la mano de mi abuela agarrando la mía, sabía que debía estar sufriendo, me hubiese gustado levantarme y abrazarla con fuerza hasta conseguir espantar sus temores, pero mi cuerpo estaba tan dolorido como paralizado, ni siquiera mis verdes ojos podían abrirse; por más que quisiese me era imposible tranquilizar a mis acompañantes. Aquello no había terminado, seguía corriendo un grave peligro, seguramente mucho más que antes y lo peor era que todavía no tenía un donante. Dejé de intentar dar muestras de vida y recordé los agradables momentos que pasé después de haber entrado al estudio: conocer a Lara, mi representante; pasar tantos momentos con Óliver y conocerle más profundamente, grabar mi primer sencillo, llegar a estar en el segundo puesto en la lista de los más escuchados, ayudar con la producción de mis canciones, posar en las sesiones de fotos, poder hacer un dúo con Óliver… Parecía un sueño, me costaba creer que hubiese podido vivir todo aquello; había sido la época más feliz de mi vida, aunque, por supuesto, no todo fue un camino de rosas, sobretodo cuando se tenía de enemiga a Saray.



Aquel día me encontraba esperando a Óliver en un pequeño parque que había a dos manzanas del auditorio. Era un día muy importante para mí, en una de las reuniones que habíamos tenido sobre las canciones de mi primer álbum propuse hacer una versión de la canción de mi madre, la que canté para el director, aquel tema era muy especial para mí y necesitaba que estuviese. Por un momento pensé que me lo iban a negar, pero al director le pareció muy buena idea que la hija de una de las antiguas estrellas del pop de nuestro país le hiciese un homenaje a su madre (Aunque seguramente tuviese unos fines más egoístas que los míos). Ese día iba a grabar la canción y la verdad es que estaba bastante nerviosa; la había cantado cientos de veces y, sin embargo, tenía la sensación de que no iba a estar a la altura. De repente me di cuenta de que había varias personas que se habían quedado mirándome, agradecí que, por lo menos, no se me hubiese olvidado ponerme la boina, así tenía algo con lo que ocultar un poco mi rostro. Desde que había sacado mi sencillo a la luz la gente no paraba de seguirme y la melodía se escuchaba a diario por las radios, aquello era una locura, pero me gustaba.

-¡Jess!-.
Cuando reconocí la figura de mi compañero sonreí y moví la mano frenéticamente:- ¡Oli!-.
Cuando llegó a mi lado le di un fuerte abrazo, era algo que me había acostumbrado a hacer cada vez que lo veía y al él nunca le había molestado:- ¿Dónde te habías metido? Habíamos quedado hacía diez minutos-.
Óliver se rio y comenzamos a caminar hacia el auditorio:- Lo siento, he tenido que llevar a mi hermanita a casa de mi padre-.
Me estremecí, aquel tema me incomodaba; la familia de Óliver se encontraba en una situación delicada pero parecía que no le costaba hablar del tema, o por lo menos no conmigo:- ¿Tu madre no puede llevarla?-.
Él sonrió con tristeza:- Desde el divorcio no pueden estar cerca ni a diez metros-.
Me mordí el labio, había sido una insensible:- Lo siento-.
-No te preocupes-.
Comencé a imaginarme a la hermana de Óliver, un hermoso cabello largo y rizado acompañado de una angelical sonrisa:- Me gustaría conocer a tu hermana-.
-Puedo traerla al estudio mañana si quieres-.
Le sonreí:- Me encantaría-.

No solíamos vernos nunca en nuestros respectivos hogares, la situación de los dos era demasiado delicada y preferíamos mantener nuestra relación al margen de los problemas familiares; personalmente no quería ni saber como se tomarían la visita de Óliver mis abuelos, seguramente mi abuelo le ofrecería uno de sus ataques de ira como regalo de bienvenida mientras mi abuela le intentaba intimidar con su interminable repertorio de preguntas y, posiblemente, contándole mi deplorable estado de salud. Suspiré, todavía no había hablado con nadie sobre el problema que padecía y sabía que cuanto más tiempo pasaba más probabilidades había de que tuviese un ataque. Quizás había llegado el momento de contarles la verdad.

-Oli, hay algo que tienes que saber de mí y no te he contado-.
Óliver clavó su profunda mirada en mí, odiaba que hiciese aquello. Mi corazón comenzaba a latir con fuerza, me costaba respirar y el mundo parecía congelarse ante nosotros. No quería estropear nuestra relación, no sabía cómo podría sobrellevar el día a día en el estudio si no estuviera él ¿Qué era lo que pensaría de mí después de contárselo? ¿Querría seguir quedando conmigo al salir del trabajo? ¿Seguiría llamándome todas las noches antes de acostarme para contarme alguna de sus fantasiosas y divertidas historias? No estaba segura de querer descubrirlo.
-Jess, venga-.
Tragué saliva ¿Qué iba a hacer? Tenía que decirle algo, ya había empezado y no podía dar marcha atrás:- Verás…-.
-Espera-.
Aquello me pilló desprevenida, paré junto a él y seguí su mirada; del estudio estaba saliendo Saray. Sentí un nudo en el estómago, la última vez que la había visto en un programa de televisión me había amenazado; si no dejaba la discográfica habría consecuencias muy severas. En aquel momento pensé que lo decía solamente para asustarme, pero ahora que nos volvíamos a ver no estaba tan segura.
-Buenos días chicos-. No respondimos:- Veo que no tenéis muchas ganas de hablar, bueno, yo ya he termina la grabación de la maqueta de mi disco y me voy a comer fuera para celebrarlo; Oli, tú estás invitado si quieres-.
-No gracias, estoy con Jess-.
Al instante los colores se desbordaron en mis mejillas, miré de reojo a Óliver pero no se había dado cuenta; sin embargo había una persona que sí había visto mi reacción ante aquellas palabras. Ella soltó una risita y se acercó a nosotros, aquello me puso aún más nerviosa así que, inconscientemente, agarré la mano de Óliver. Él y Saray me miraron sorprendidos y yo deseé al instante que la tierra me tragase ¿Cómo había podido hacer aquello justamente delante de ella? Ahora sí que estaba acabada.
El rostro de la joven se tiñó de rojo, seguramente a causa de la ira:- No sé que verás en ella Óliver, pero no me importa, vuestra relación está a punto de terminar-.

Se marchó sin decir nada, pero aquella amenaza me heló la sangre, el perder la amistad de Óliver era lo que más me importaba en ese momento y no estaba preparada para que aquello cambiara. Mis manos debían de estar temblando porque Óliver me abrazó con fuerza y me susurró:- Tranquila, respira hondo-.
Hice lo que me ordenó, pero aquellas palabras seguían resonando en mi cabeza, torturándome, por lo que una lágrima comenzó a surcar mi rostro:- Pero, yo no quiero…-. Se me quebró la voz.
-Escucha, eso sólo lo ha dicho para que te pongas así, no dejes que ella gane, yo jamás dejaría que estropease nuestra amistad-. Yo asentí con la cabeza, probablemente tenía razón:- Muy bien, ahora vamos a pasar al estudio y tú vas a grabar la canción de tu madre, es un día importante así que no dejes que nada lo estropeé-. Sonreí, siempre sabía lo que decirme en momentos como ese para tranquilizarme. Óliver se separó de mí y me enjugó la lágrima lo que provocó que mi corazón se acelerase de nuevo; me dedicó una de sus sonrisas y luego me guio hasta el estudio.