domingo, 30 de marzo de 2014

Una amistad perdida.

Aun no estoy segura de cómo he acabado aquí, ni siquiera puedo creerme que el parque que tengo delante de mis ojos sea real, pero lo cierto es que mis piernas no se han detenido hasta adentrarse en aquella arena que tantas veces he tenido entre mis dedos ¿Había sido por ella? ¿El pensar tanto en esa amiga del pasado me había empujado a ir a un lugar que ni siquiera quería recordar? ¿Era por lo que había averiguado? Seguramente así fuera. Me acerqué con lentitud a los silenciosos columpios que se balanceaban sigilosamente por las pequeñas ráfagas de viento, la imagen de nosotras dos intentando llegar a lo más alto fluyó nítida ante mis ojos, todavía podía sentir el aire resbalando por mis mejillas y sus risas resonando en mis oídos. Cuántas cosas habíamos pasado juntas, mirase donde mirase sólo veía recuerdos de nuestra infancia. En ese tiempo que fuerte me pareció nuestra amistad: lo sabíamos todo la una de la otra, nos desvelábamos secretos, compartíamos aficiones y sueños, reíamos y llorábamos juntas, suplicábamos a nuestras madres por poder estar un poco más de tiempo juntas... cuanto más recuerdo más hermosa me parece aquella época. Anduve por aquellas calles que habíamos recorrido en tantas ocasiones en una especie de trance y un sentimiento de añoranza inundó mi corazón. Prometimos que estaríamos juntas siempre, prometimos que confiaríamos siempre la una en la otra y nos protegeríamos; en ese tiempo me creí tan ciegamente aquel pacto que pensé que así sería, que nunca nos separaríamos, pero yo no sabía que crecer era más complicado de lo que parecía. Me detuve en frente de su portal que no había cambiado en absoluto ¿Seguiría viviendo allí? ¿Sería feliz? Todas esas preguntas que se estaban comprimiendo en mi cabeza podían responderse en cuestión de minutos, lo único que tenía que hacer era llamar a aquel viejo telefonillo; una parte de mí quería hacerlo, pero la otra, mucho más temerosa, me lo impedía. Suspiré y seguí mi camino, me sentía culpable por haber perdido aquello que teníamos, las circunstancias hicieron que en su momento desconfiase de todo aquel que me rodeaba, incluida ella, creí que se había mantenido al margen, creí que me había abandonado y estaba de acuerdo con todos aquellos demonios que me habían torturado, pero ahora sabía que no había sido así, había descubierto que ella me había defendido pero las amenazas habían conseguido que se quedase en silencio. Fue mi culpa, quizás, si yo no hubiese estado tan ciega, nuestra amistad hubiese podido seguir adelante, si hubiese luchado por ella aún podríamos seguir compartiendo todo lo que compartimos en su momento, pero no lo había hecho y por ello había perdido una amistad que podía haber sido tan fuerte como hermosa, una de las pocas que ese "siempre" podía haberse hecho realidad. De nuevo en el parque me senté en uno de los bancos y bajé la cabeza, ojalá tuviese otra oportunidad, pero ya era demasiado tarde, nunca podré reparar esa brecha que nos ha separado durante tantos años.
-¿Leila?-.
Aquella voz me descolocó unos instantes, no podía ser ¿Era ella? Sentí cómo mi corazón se aceleraba; puede que no fuese demasiado tarde, quizás esa era mi oportunidad de arreglar las cosas, era posible que el destino fuese el que me hubiese hecho volver a los entresijos de mi pasado. Giré rápidamente la cabeza y miré esperanzada a la figura que se escondía tras el brillo del atardecer, si era una oportunidad no pensaba desaprovecharla.

Nunca penséis que es demasiado tarde, si algo es importante para vosotros luchad por ello, da igual lo que puedan opinar los demás. Una frase que suele decir mi abuela es: "todo tiene arreglo menos la muerte", hacedla caso, por muchos errores que hayáis cometido siempre habrá una solución.