domingo, 29 de septiembre de 2013

CIBERBULLYING



En cuanto llego a la seguridad de mi habitación me encierro y me acurruco en lo más recóndito de aquella estancia, aprieto con fuerza mis piernas y escondo mi rostro entre ellas intentando así huir de todos aquellos malditos demonios que me persiguen. En mi cabeza resuenan sin cesar todas las palabras envenenadas que mis compañeros no paraban de susurrarme en clase. Tengo ganas de desaparecer y acabar con toda esa agonía que me mata por dentro; la presencia del ordenador en mi cuarto hace que me sienta aún más insegura, sé que es otro medio que tienen para torturarme, mi página de tuenti está llena de fotografías que me ridiculizan y de comentarios malvados puestos con el único propósito de dañarme; lo peor es que todos mis contactos han visto lo que hay en mi página y muchos de ellos o se unen a las risas o dejan de hablarme. Quiero tirar ese aparato y hacerlo desaparecer, pero sé que eso no hará que dejen de acosarme, buscaran otra manera de ponerse en contacto conmigo. Ya no sé qué hacer, el dolor y la angustia crecen con mayor rapidez en mi interior conforme pasa el tiempo; cada vez me cuesta más fingir delante de mis padres que todo va bien, tengo ganas de llorar a todas horas, me cuesta mucho salir de mi cuarto porque tengo la sensación de que en cuanto lo hago aquellas personas con las que me cruzo por la calle me miran fijamente y susurran entre ellos palabras hirientes. Es horrible el sentimiento de soledad que alberga mi corazón, me he planteado muchas veces decírselo a mis padres pero no quiero que ellos sufran; además, aunque lo hiciera, no podrían hacer nada por ayudarme. Tengo un terrible pavor a las consecuencias que podría provocar si revelase lo que me están haciendo mis compañeros, sé que las cosas irían a peor y yo ya no lo soporto más, este sufrimiento es inhumano y yo cada vez me siento más débil, no sé cuánto tiempo más podré aguantar así. Estoy desesperada y marchita, intentó por todos los medios seguir siendo positiva y meterme en tuenti para ver si ha sido todo un mal sueño o por lo menos si han decidido dejarme en paz; pero cada día los insultos son peores y mi fe se va consumiendo. Por más que pienso no consigo encontrar una salida, lo único que puedo hacer es aguantar aquella tortura infernal hasta que se cansen o hasta que se me ocurra una solución; mi alma espera con ansias ese día aun sabiendo que quizás no llegue cuerda a él y también sabiendo que, si por algún casual no pierdo la razón, me quedarán secuelas de aquella etapa escolar que me marcarán el resto de mi vida.