martes, 24 de junio de 2014

La fuerza de vivir (5ªparte)

Aquí os dejo la quinta parte de la historia "la fuerza de vivir", si no os habéis leído las anteriores os recomiendo que lo hagáis antes de seguir con esta.
Siento la tardanza y ¡ESPERO QUE OS GUSTE!


El equipo técnico del programa revoloteaba sin cesar a mí alrededor  intentando recoger lo más rápidamente posible para poder salir de una vez; estaban tan concentrados que ninguno se dio cuenta de que yo seguía sentada en el sillón del invitado, impávida, sin las fuerzas necesarias para poder levantarme y huir a la comodidad de mi casa.

Mis compañeros no parecían darse cuenta de mi deplorable estado anímico, se encontraban sumergidos en su particular burbuja de felicidad, disfrutando de la supuesta victoria que habíamos conseguido aquella tarde. Sabía que yo también debería estar celebrándolo con ellos y agradeciéndoles que en todo momento me hubiesen apoyado, pero por alguna extraña razón no conseguía sentirme igual que ellos, me sentía sucia; era verdad que había intentado no manchar la reputación de Saray, sin embargo eso no borraba las cosas que había dicho sobre mí; estaba convencida de que iba a tener grandes problemas.

Suspiré, agotada; no sabía en lo que me había metido cuando firmé el contrato con la agencia. Alguien carraspeó a mi espalda y yo pegué un respingo, sorprendida.

-Lo siento-. Me giré para ver quién era el oportunista que me había sacado de mi ensimismamiento y me tensé al ver que se trataba de Óliver; él bajó la cabeza:- No quería asustarte-.

Me di la vuelta de nuevo y, nerviosa, comencé a mirarme las uñas:- No te preocupes-.

El joven tardó unos segundos en volver a hacerse notar, dio unos pasos más para ponerse en frente de mí y lo intentó de nuevo:- Has estado muy bien hoy-.

Solté una risa sarcástica:- Sí, dejar en ridículo a una persona está genial-. Óliver se encogió por el tono en el que se lo solté y yo me mordí la lengua ¿Por qué estaba siendo tan borde con él? En realidad no quería, pero ya no sabía cómo debía comportarme a su lado, me resultaba muy incómodo.

-Jess, ella fue quién empezó, tú sólo te has defendido-.

Por primera vez desde que se acercó a mí, levanté la mirada y le miré directamente a los ojos:- Pero eso no significa que me tenga que sentir bien por haber hecho daño a una persona-.

Óliver pareció sorprenderse por la intensidad de mis palabras; creí que haciendo eso podría mantener las distancias con él, pero acabó teniendo el efecto contrario; el joven se armó de valor, frunció el ceño y me dijo lo que había intentado decirme desde un principio.

-No quiero que esto siga así entre nosotros Jess, el otro día no pasó absolutamente nada; estábamos molestos e irascibles, pero en realidad no dijimos nada tan serio como para tener que sentirnos incómodos el uno con el otro-.

Me quedé sin respiración unos segundos ¿Estaba siendo sincero? ¿Acaso no se acordaba de lo que me había insinuado? Sentí un ardor en la boca del estómago; no sabía si me molestaba más el hecho de que estuviese negando aquella conversación que había comenzado a cambiarlo todo o la frustración que sentía por no poder sincerarme con él.

-¿No? ¿De verdad?-. Escupía las palabras como si de veneno se tratase:- Pues yo estoy muy segura de que sí dijiste algo lo suficientemente fuerte como para que nos hayamos distanciado-.

Ante mi inesperado ataque esta vez fue Óliver quien se enfadó:- Te estás pasando, sólo insinué una posibilidad que, por cierto, no es tan disparatada, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, juntos ¿Te parece algo tan raro que puedan surgir algo entre nosotros?-.

Enmudecí, sabía que estaba en lo cierto, es más, yo cada vez estaba más perdida en aquellos sentimientos que habían ido floreciendo en mi corazón desde que nos habíamos conocido. El problema era mío, tenía demasiado miedo.

-Sólo…-. Suspiré:- Sólo quiero aclarar las cosas, no quiero hacerte una idea equivocada-.

-Yo tengo las ideas muy claras-. Su tono no mostraba atisbo alguno de vacilación:- La que creo que está confundida eres tú-.

No podía rebatir aquello; entrelacé mis manos y bajé la mirada, rendida ¿Y ahora cómo demonios iba a poder evitar las preguntas que sin duda debían de haber empezado a formarse en la cabeza de mi compañero sin tener que decirle la verdad?

-Jess-. Cerré los ojos y esperé con impaciencia el primer ataque:- Lo único que quiero es que volvamos a estar igual que antes, sólo te pido eso-.

La sorpresa hizo que abriese la boca exageradamente. Óliver podía ser muchas cosas, pero sin duda no era tonto, si algo había aprendido del tiempo que habíamos pasado juntos era que el joven era una de las personas más perceptivas que había visto. En nuestra última conversación ya había dejado caer que tenía ciertas sospechas sobre mi sinceridad y en ese momento había tenido la oportunidad perfecta para hacerme presión y obligarme a contarle todo lo que escondía ¿Por qué no lo había hecho?

Sabía que lo mejor para mí era dejarlo pasar, pero simplemente no podía hacer eso:- ¿No tienes nada que preguntarme?-.

Óliver me sonrió y se llevó una mano a la nuca:- Sinceramente tengo un montón, sé que hay algo que escondes, lo sé desde hace tiempo, pero también creo haberte conocido suficientemente este verano como para imaginarme que si no eres capaz ni de decírmelo a mí es porque hay una razón-. Me encogí de hombros, que aquel chico supiese tantas cosas de mí sin habérselas contado me hacía sentirme desnuda:- Creo que si te doy algo de tiempo en un futuro acabarás contándomelo, supongo que cuando te sientas preparada, pero hasta entonces no pienso tocar el tema, no quiero presionarte-.

Aquellas palabras, aquella mirada, aquella dulce expresión que siempre había puesto cuando estaba conmigo… Tuve que agarrar con fuerza los brazos del sillón en el que estaba sentada para evitar salir corriendo hasta él y besarle como nunca antes lo había hecho ¿Por qué era tan duro? No quería seguir estando enferma, era horroroso tener que estar pensando siempre en los que me rodeaban, en el daño que podría hacerles si las cosas acababan mal, en las personas que podían salir huyendo al descubrir mi condición por miedo a encariñarse conmigo y acabar lastimadas, en aquellas que solían aparentar ser lo que no eran por compasión… había tantas maneras incómodas de reaccionar ante una persona enferma que ya había perdido la cuenta. Me había llegado a acostumbrar, en algún momento de aquel interminable trayecto creí incluso haberme hecho inmune; pero aquella barrera que había formado a mi alrededor para protegerme había comenzado a desmoronarse a causa de ese joven y estaba espantada ¿Cómo reaccionaría él? ¿Cuál sería su manera de encajar mi enfermedad? ¿Llegaría un momento en el que mi egoísmo superase mi deseo de protegerle y le contase la verdad? ¿Podría soportar verle sufrir por mi culpa? Eran tantas las preguntas sin responder y tanto el dolor que me producían que tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no acabar llorando como un bebé.

Óliver debió darse cuenta de mi turbación porque se agachó a mi lado y apoyó una mano en mi rodilla:- ¿Jess? ¿Estás bien?-.

Tragué saliva e intenté que mi voz no temblara:- ¿Sabes que eres el chico más raro que he conocido en mi vida?-.

Sonrió:- Raro, quizás, pero en guapura no me gana nadie-.

Consiguió sacarme una risa:- Eres idiota-.

-¿Esto significa que está ya todo solucionado?-. Yo sonreí y asentí tímidamente, rápidamente Óliver se levantó de un salto y me tendió la mano:- ¡Estupendo! Entonces, para celebrarlo, os invito a todos a una Coca-Cola en la cafetería de este estudio de televisión-.

Le agarré y por fin me levanté del sillón:- Así se hace, pensando en una celebración a lo grande-.

-Oye, no te metas con esta cafetería, es mejor de lo que piensas, sus donuts están buenísimos-.

-Está bien-. Dije en tono juguetón:- Comprobemos cuál es el nivel de tu paladar-.


Con nuestra amistad de nuevo arreglada y un ambiente juguetón nos unimos a mi equipo y nos fuimos a celebrar todos juntos la felicidad que nos embargaba a todos aquella noche. Quién me hubiese dicho en aquel momento que, en cuanto saliese de aquella cafetería, los verdaderos problemas comenzarían a producirse.