lunes, 14 de julio de 2014

SUEÑOS: Una situación confusa


La tarde estaba llegando a su fin y por la ventana se empezaba a colar la luz rojiza del atardecer.
-Va siendo hora de que me vaya-.
Ian colocó los vasos sucios en el fregadero y se volvió hacia ella:- ¿Tan pronto?-.
Ella se levantó de la silla y cogió su bolsa de deporte:- Ian, está a punto de anochecer, creo que esa pregunta no es la correcta-.
Él levanto las manos, rindiéndose ante ella:- Está bien, pero antes de que te marches quiero que veas el último cuadro que he dibujado-.
Ella se sorprendió:- ¿No eran todos tus cuadros los de la sala?-.
-Si, pero tengo un par más arriba, los que más me gustan y el último que he dibujado-.
Maika encogió los hombros y sonrió:- Está bien, no tengo otra opción, he venido aquí para ver tus cuadros-.
-Acompáñame-.
Extendió su mano y las mejillas de Maika se sonrojaron antes de corresponderle. No pudo evitar acariciar con la yema de sus dedos las finas líneas de la palma del joven, parecía estar intentando leer su futuro o el posible futuro que podían tener los dos juntos. 

Dejó que la arrastrase por las escaleras y que la guiase por aquel estrecho pasillo del segundo piso hasta llegar a la puerta que le mostraría el mundo del chico que había conseguido hechizarla. Su corazón comenzó a acelerarse y ella, inconscientemente, se llevó una mano al pecho, preocupada por si su acompañante lo escuchaba. 
Ian abrió la puerta y le ofreció con un sutil gesto del brazo que entrase, ella sonrío y pasó temblorosa. 

Todo estaba ordenado y en su sitio, las paredes estaban decoradas con figuras aladas y mares llenos de criaturas míticas, una guitarra descansaba en una esquina de la habitación y había un Golden sentado en una cesta, aunque salió corriendo hacia ella en cuanto la vio.
-¡Vaya! Qué calurosa bienvenida-.
Ian cerró la puerta:- Parece que le has caído bien-.
Maika se agachó para poder acariciarlo bien:- ¿Cómo se llama?-.
Ian la imitó y se puso a su lado, dejando que el perro le diese un par de lametones:- Rex, es muy bueno, aunque también muy juguetón-.
-Ya lo veo, ya-.
Maika se incorporó, dejando al perro en el suelo con su dueño, y se acercó a los cuadros; sin duda eran los mejores que había dibujado, reflejaban incluso más sentimientos. Se notaba que los había trabajado con precisión y con un cuidado extremo, era realmente increíble.
-Te gustan las criaturas míticas ¿eh?-. 
Ian también se incorporó:- Si, siempre me han atraído mucho ese tipo de cosas, seguramente me gusta dibujarlas porque así pienso que existen, por lo menos, en un mundo que he intentado dibujar-.
Maika se quedó contemplando el cuadro de un jinete montando su caballo alado mientras formaba un arco iris:- ¿Por qué te gustaría que existiesen?-.
Él se quedó mirándola:- La verdad es que no lo sé, seguramente porque siempre me he sentido diferente y supongo que, de alguna forma, me siento identificado con ellos. Es raro ¿Eh?-.
Maika bajó la mirada:- Bueno, puede que sea menos raro de lo que crees-.
-Qué quieres decir-.
Ella le miró intensamente, parecía que quería decirle algo ¿Por qué no lo hacía? No podía ser tan malo, podía confiar en él, necesitaba que confiase en él, tenía demostrarle que podía contarle lo que quisiese. 
Se acercó a ella y le susurró:- Maika, se que te ocurre algo y quiero que sepas que sea lo que sea puedes contar conmigo-.
Por un momento su rostro se contrajo en una mueca, pero volvió a bajar la mirada y sacudió la cabeza:- No es nada, solo, digamos que puedo entender como te sientes-.

Ian se acercó un poco más a ella, sabía que no era solo eso, podía sentirlo, ahora la conocía demasiado bien; la cogió de las manos e intentó insistir, necesitaba desesperadamente que le contase lo que le hacía sufrir tanto, cada vez que la veía así se le formaba un nudo en el estómago que le era muy difícil disolver. Sin embargo ella levantó una vez más la cabeza y sonrió:- Bueno, ya va siendo hora de que me vaya así que si tienes algo más que enseñarme esta es tu última oportunidad-.
Era imposible, cuando no quería contar algo podía cambiar de tema con mucha facilidad. No iba a decirle nada.
-Si, quiero que veas mi última obra, vas a ser la primera en verla-.
-En serio ¡Qué honor!-.
Ian puso cara de ofendido:- Oye no te burles-.
-No me estoy burlando, es un honor-.
Ian sonrió:- Bueno, además ese cuadro tiene una historia-.
-Vaya y de qué va-.
Ian se acercó al lienzo que tenía oculto bajo una sábana y de un tirón descubrió la imagen. 

Por un momento Maika dejó de respirar, su bolsa cayó al suelo y levantó la mano hasta el collar que llevaba puesto. Ian se alejó despacio de su pintura y ella se acercó para verlo más de cerca.
-Todos los años, el día de mi cumpleaños, tengo el mismo sueño, dos niños se encuentran en un parque rodeados de niebla, la niña siempre aparece al principio llorando y el niño intenta tranquilizarla, ella está triste por que su amigo se marcha, pero hacen una promesa, algún día volverían a estar juntos y ella le devolvería su amuleto, aún no sé qué significa exactamente, intenté contárselo a mis padres pero ellos siempre me dicen que los sueños son solo sueños, aunque algo me dice que este no es un simple sueño-.
Maika seguía contemplando el cuadro, parecía cada vez más alterada:- Creo que deberías hacer caso a tus padres, no creo que signifique nada en particular-.
Ian se acercó un poco más, quedándose justo detrás de ella:- No estoy tan seguro, desde que tengo memoria he tenido ese sueño, además este año ha sido diferente-.
Los hombros de Maika se tensaron:- Cómo que ha sido diferente-.
-Desde que llegué aquí he tenido más sueños, siempre con estos dos niños, a veces con cuatro, y siempre me despierto con algunos sentimientos incluso desconocidos para mí, es como si esos sueños intentasen decirme algo, intentasen que recordara algo, pero sigo sin saber qué es-.
Los hombros de Maika empezaron a temblar, Ian se asustó y se acercó un poco más a ella para ver lo que ocurría, pero sus palabras le dejaron petrificado:- Eres demasiado curioso ¿Por qué necesitas una respuesta para todo? ¿Por qué no puedes pensar que son simplemente sueños como hace todo el mundo? Es muy doloroso…-. Su voz sonaba entrecortada, el corazón de Ian se contrajo ante aquella reacción, quería tranquilizarla, abrazarla para que sus temblores cesasen, pero sabía que aquello solo empeoraría las cosas:- ¿Por qué estás siempre preguntándome? ¿Queriendo conocerme? ¡Por qué lo pones tan difícil! ¡A veces las cosas son más sencillas de lo que pensamos! ¿Por qué no puedes entender eso?-.
Ian apoyó las manos en sus hombros:- Maika… no entiendo nada-. Pero para su sorpresa ella se dio la vuelta y le abrazó. 
Ian tuvo un instante para ver su rostro y lo que vio le dejó perplejo, estaba llorando. La apretó con todas sus fuerzas y dejó que se desahogara en sus brazos.
-Lo siento, tengo que irme ya-.

Rápidamente Maika se deshizo de los brazos de Ian, cogió su bolsa y salió corriendo de su cuarto, mientras corría por el pasillo pudo oír el sonido del pestillo de la puerta principal al quitarse, sus padres habían llegado.