martes, 1 de octubre de 2013

REFLEXIÓN ESCOLAR




La vida en las escuelas no es como la gente se imagina. Se cree que es una institución a la que únicamente se va a estudiar y a prepararse para lo que llaman "el mundo real", un lugar inofensivo en el que se cogen apuntes, se presta atención a los profesores y se preocupa por la elección de la universidad a la que se asistirá ¿Acaso no es esa la función de este sitio? ¿Cómo podría ser de otra manera?
Por supuesto allí formamos nuestras amistades, relaciones que pueden beneficiar nuestra estancia allí y que nos pueden motivar a seguir adelante pero que, a los ojos de los adultos, son caducas e insignificantes porque, después de todo, en cuanto de comienzo la nueva etapa nos olvidaremos de todos nuestros antiguos compañeros.
Están seguros de que estamos protegidos de la sociedad, de la corrupción y los prejuicios que la forman, pero, aunque se supone que así es como debería ser, están muy equivocados.
El colegio se ha convertido en un espejo de ella, pero en una versión más reducida; habrá personas que piensen que esto, aún así, es mejor, porque no encontraremos tantos problemas; de nuevo, es un pensamiento erróneo. Al ocurrir en una zona más pequeña todos los problemas se condensan, el ambiente se intoxica y el ánimo decae; por este motivo los jóvenes pueden llegar a ser realmente crueles. Quizás el número de matones no sea alto pero los hay, están allí, y no se quedan tranquilamente sentados en sus pupitres mientras dura la jornada, actúan. Lo peor de esto es que todos en la escuela son conscientes de ello, pero prefieren cerrar tanto ojos como oídos y hacer como si no pasase nada. Los profesores tampoco son una excepción, muchas veces pienso que la mayoría ha perdido sus principios y que, lo único que les importa, son vagas superficialidades como puede ser la media del colegio, su reputación y la imagen social que transmiten; si a sus oídos llega que algo está ocurriendo entre los alumnos hacen acto de presencia y torpemente fingen sentir preocupación, pero al final la conclusión siempre es la misma: "Son cosas de niños, no tiene importancia". Esto, en una institución tan pequeña, puede traer horribles consecuencias que lo único que conseguirán es torturar tanto al cuerpo docente como al cuerpo estudiantil.
Cuando aparecen estas situaciones normalmente etiquetan a las personas como "la víctima" y "el delincuente", por supuesto la dirección tiene que culpar a alguien ya que lo mejor es lavarse las manos y decir que el único responsable es el que realizó los daños cuando, quizás, si los docentes se hubiesen preocupado más, el problema no hubiese resultado ser tan grave. Esto es debido a que la mayoría de las veces los "delincuentes" son "víctimas" de sus propias vidas personales; necesitan desquitarse de alguna manera y ese suele ser el único método que conocen; si alguien no es capaz de abrirles los ojos las consecuencias pueden ser nefastas y, cuando son realmente conscientes de lo que han hecho, la culpa les consumirá y se verán obligados a vivir con ello el resto de sus vidas.
Por supuesto no estoy intentando excusar a los obradores, ellos se tendrán que responsabilizar, algunos puede que ni siquiera entren en este perfil y simplemente lo hagan por diversión, como si fuese un nuevo juego para pasar  las clases. Lo que intento es que se entienda que, a veces, en una situación en la que pensábamos que no podíamos haber actuado de otra forma, lo podíamos haber hecho.