lunes, 5 de diciembre de 2016

Respira...

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"No puedo respirar..."

El mundo parece haberse vuelto loco, no para de dar vueltas a mi alrededor como una peonza. Es rápido, poderoso, silencioso, pero lo más atemorizante de todo, es que parece imparable.

Debería estar perdido en aquel mar de imágenes junto con las demás sombras de los cuerpos que pertenecen a lo que es mi vida y, sin embargo, estoy aquí de pie, inmóvil, siendo espectador de un programa que no debería ser emitido en la frecuencia en la que me encuentro.

"No puedo respirar..."

Me llevo las manos al pecho en un intento fallido por frenar esos angustiantes latidos que me ensordecen por dentro.

Quiero regresar, quiero despertar en mi cama y perderme de nuevo en la rutina que con tanto mimo me protege, en la que me siento querido...

Sí, ahora mismo estoy sumergido en un universo de comodidad y homogeneidad, estoy atado a un futuro del que no estoy seguro de querer formar parte y con unas personas que no sé si me están ayudando o me condicionan para no probar cosas nuevas y mantenerme resguardado en una burbuja sin aire.

"No puedo... respirar..."

Sé que muchas personas envidiarían lo que tengo, a pesar del señor oscuro que de vez en cuando decide pasar por mi casa para asegurarse de que no me he olvidado de él, tengo la suerte de poseer unas botellitas llenas de magia que muchos codician pero que pocos llegan a conseguir.

"No... puedo... respirar..."

Sin embargo hay algo dentro de mí que me alerta de vez en cuando, me avisa de la existencia de un error que no soy capaz de corregir. Tengo muchas cosas a mi favor, soy feliz y, aun así, me siento vacío por dentro. Me encierro en mi cuarto y lo único que encuentro es una realidad que me asusta.

"No... puedo..."

Estoy encerrado en una cárcel construida con mis propias manos y encadenado por unos lazos que yo mismo fabriqué. 

Sé que podría escapar, sé que tengo la llave de esa cerradura ardiendo en el bolsillo del pantalón. Siento el calor abrasador quemando mi piel y extendiéndose por toda la pierna, es como veneno y, a pesar de ello, no soy capaz de alargar mi mano y aliviar ese dolor.

"No..."

Me puede el miedo, no soy capaz de dar el siguiente paso ¿Qué sucedería si traspaso esa puerta y me embarco en un viaje turbulento y lleno de angustia? ¿Qué sería de mí si decido dar marcha atrás y me doy cuenta de que lo he perdido todo? ¿De que no queda nadie esperándome? Lo más fácil es olvidarse del tema y seguir deambulando por ese camino insípido y seguro.
El único problema es que sé que nunca llegaré a ser del todo feliz.
Y no puedo seguir así, porque este sentimiento me está devorando por dentro...

"..."

"N... no..."

"... pued... no..."

"resp........"

"..."

"....."

"......."

"...................................................................................................................................................."

-¡Alto!
Con un grito esa película sin fin que tengo ante mis ojos se detiene y, de repente, todos los caminos y las posibilidades se abren como si fueran un abanico con infinitos pliegues, mostrándome lo que sería y lo que podría llegar a ser si dejo que mi alma experimente eso que necesita para potenciar la esencia que la forma.

Fue entonces cuando lo supe, el cambio es algo bueno y, en ocasiones, hasta necesario.

La vida es experimentar cosas nuevas, descubrir, equivocarse... y creo que debemos hacerlo cuando recibimos esa llamada, siempre hay una razón para que algo importante suceda, y si nuestro corazón lo ha sentido, quiere decir que ha llegado la hora de dejarse llevar.

No me voy a preocupar por lo que dejo atrás, ahora sé que siempre existe la oportunidad de rectificar y recuperar lo que una vez perdimos.

Así que cojo la llave, abro la verja de un empujón, doy mi primer paso hacia ese futuro desconocido y...

RESPIRO.