martes, 24 de enero de 2017

Un desvío en el camino.

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Me detuve en cuanto me encontré con aquella primera bifurcación.

Era extraño, había estado viajando por aquel camino durante toda mi vida, la piedra que lo constituía era lo primero que aparecía en cada recuerdo que guardaba, pero nunca antes me había encontrado con algo semejante.

Estaba acostumbrada a ver las mismas flores todas las mañanas, a oler las dulces fragancias que embriagaban mis sentidos cada vez que pasaba por la casa de la abuelita y a disfrutar del suave calor que me regalaba todos los días ese sol que con tanto gusto me acompañaba.

Desde que tengo memoria, nunca he tenido que lidiar con ningún tipo de problema durante el trayecto. El camino siempre estaba perfectamente despejado e incluso los días que aparecía "tormenta", se disculpaba por su torpeza y abría sus nubes para evitar que las gotas pudiesen incomodarme.

¿Animales peligrosos? ¿Brujas? ¿Enfermedades? Ni siquiera se habían dignado a saludar.

Entonces ¿Qué era lo que había cambiado? ¿Por qué ponerme en aquella encrucijada? Aquello no me gustaba, era demasiado incómodo.

Y vale, era cierto que había crecido un poco, y puede que, en tramos anteriores, hubiese intentado cambiar pequeños e insignificantes detalles ¡Pero eso había sido porque había empezado a tener la sensación de que era otro ente el que tomaba las decisiones! Y eso me hacía sentir insegura.

—Bueno... quizás si quiera probar cosas nuevas, lo admito ¡Pero eso no quiere decir que esté preparada para dar un paso tan grande!

Me di la vuelta dispuesta a desandar todo lo que había hecho hasta el momento; prefería volver al principio y empezar de nuevo antes que saltar al vacío sin ningún tipo de salvavidas. Pero solo había dado un único paso cuando todo aquel paisaje que conocía tan bien, se borró ante mis narices.

Grité y le di patadas a esa burbuja de nada que tenía delante de mí ¿Qué demonios estaba sucediendo?

Aquello era desquiciante, no quería crecer, no quería abandonar mi querido país de Nunca Jamás ¡Era demasiado aterrador!

En cuanto tomase la decisión estaba convencida de que los conflictos aparecerían. Ya no sería la reina del universo, dejaría el trono y me vería obligada a encontrar por mi cuenta el lugar al que se suponía que pertenecía. Mi protector se haría a un lado y simplemente reaparecería en el peor de los casos...

—No, no quiero ¡No me pueden obligar a vivir ese infierno!

Me crucé de brazos y me negué a seguir adelante, si debía quedarme en aquella bifurcación para siempre ¡Pues que así fuera!

Pero pasado un tiempo en el que la quietud y el aburrimiento se hicieron dueños del momento, mi seguridad comenzó a vacilar.

En realidad, si lo pensaba detenidamente, la situación no era tan catastrófica. Me estaban dando la oportunidad de experimentar, de escapar de la monotonía en la que estaba encerrada, de descubrir mis virtudes y mis defectos, de realizar mis sueños y de entender qué eran aquellos extraños conceptos que de vez en cuando se paseaban por mi cabeza haciendo que me preguntase ¿Qué era eso del amor y la amistad? 

Detrás de aquel camino y detrás de las complicaciones que en él había, creo que se hallaba la verdadera felicidad.

¿Estaba dispuesta a renunciar a algo tan bonito por ese repugnante miedo que me pedía a gritos que detuviese literalmente mi existencia? ¿De verdad era tan débil?

Negué con la cabeza.
—No.
—No lo soy.
—Y estoy dispuesta a demostrarlo.



¿Y tú? ¿Estás dispuesto a abrirte a los desvíos que se te presentan en el camino?