miércoles, 19 de agosto de 2015

Enfrentando el miedo

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Nunca supe hasta qué punto me había afectado aquello. Pensé que lo mejor para mí era estar sola, si me separaba del mundo, de esos envenenados estímulos que lo único que hacían era provocarme sufrimiento, la situación mejoraría, yo mejoraría.

Estaba tan convencida de que esa era la mejor elección que no me di cuenta de lo que estaba perdiendo al hacerlo.

Me aparté de la gente, para evitar que me hicieran daño tenía que mantenerme al margen, moverme en silencio y confundirme con las sombras para que nadie se diese cuenta de mi presencia. Debía ser callada, obediente y sumisa, así evitaría cualquier conflicto tanto fuera como dentro de mi casa.

El mayor problema eran ellos, esas figuras que revoloteaban a mi alrededor donde quiera que fuese, siluetas que esconden en su interior falsedad y crueldad. No podía confiar en ellas, en ninguna, ni siquiera en mi familia, a saber lo que podrían hacerme.

Al principio pensé que estaba surtiendo efecto, me sentí incluso aliviada. Los problemas habían comenzado a desaparecer como por arte de magia, no tenía que estar a la defensiva, pendiente de cuándo debía reír, enfadarme o incluso llorar. El peso de las expectativas de la sociedad se iba consumiendo junto conmigo.

Estaba tan orgullosa de lo que estaba consiguiendo que no me di cuenta de lo que en realidad me estaba pasando.

Las situaciones que en algún momento me habían provocado determinados sentimientos ya no lo hacían. Las horas pasaban lentamente, los días se eternizaban y el silencio empezaba a espantarme. Había comenzado a pensar que incluso mis pensamientos estaban desapareciendo, me costaba ser consciente de mi misma.

Era una locura, cuando intento recordar esos días de intensa oscuridad no lo consigo ¿Me habría transportado a una dimensión paralela sin darme cuenta? Los colores eran más oscuros, los olores débiles y los sonidos difusos. Me había convertido en una muñeca hueca, casi sin vida, y lo había hecho yo solita por miedo, por un miedo irracional e inconsciente a acabar como mi hermana.

¿Por qué había tenido que quitarse la vida? Era cierto que su mundo se había ido al traste en un suspiro, de la noche a la mañana se había quedado sin marido, sin hogar y casi sin sus hijos; pero todo se podía solucionar ¿No? Si no podía confiar en la sinceridad de nuestros padres por lo menos podría haberse apoyado en mí ¿Para qué llegar a ese extremo? Así no iba a conseguir nada, bueno sí, iba a dejar de sufrir, pero a cambio de todo su futuro. Por más que lo intentaba no conseguía entenderlo, pero casi sin darme cuenta había comenzado a transitar el mismo camino que ella.

Ahora sé que quizás, si no hubiera sido por ellos, yo podía haber acabado mal.

Saludé a un grupo de cuatro chicos que tenía en frente y salí corriendo hacia ellos, mis amigos, los primeros que había tenido desde el incidente, los únicos que me habían apoyado y me habían hecho comprender que lo peor era estar solo. Su apoyo y su increíble empatía hacia mi situación me habían abierto los ojos. Por mucho que queramos no podemos evitar el sufrimiento eternamente, la vida está llena de obstáculos, de barreras que debemos superar para convertirnos en personas mejores y todo ello se lleva mucho mejor si tienes a la gente que te quiere al lado, empujándote cuando más lo necesitas y sacándote una sonrisa en los momentos idóneos.

Yo ya he encontrado ese grupo, aquellos con los que puedo ser quien soy sin tener que pensar en cómo debo actuar ante ellos.


¿Y tú? ¿Ya los has encontrado?