miércoles, 24 de septiembre de 2014

Un error imperdonable


El corazón se me paró de golpe y el vaso que había cogido hacía apenas unos minutos se me escurrió de entre los dedos ¿Estaba viendo bien? ¿No era un sueño?

El pecho comenzó a dolerme con fuerza. Apreté con furia la camisa que llevaba puesta  e intenté respirar. Sentía cómo el bajo del pantalón se pegaba contra mi piel a causa de la bebida derramada, pero me daba igual, todo lo que me rodeaba me era indiferente, lo único que me importaba era él, aquel chico que estaba delante de mí, con esa sonrisa que tantas veces me había regalado, con esos ojos que habían intentado expresar en tantas ocasiones su amor, con esas manos que me habían protegido y reconfortado…

Nunca creí que podría volver a verlo, uno de los motivos por los que me mudé fue porque pensé que esa sería la mejor manera de romper nuestros lazos y de dejar de hacerle daño. Llegó un momento en el que conseguí engañarme a mí misma y convencerme de que lo había superado por completo, pero en ese momento me había dado cuenta que no era así.

No debería afectarme verle con otra chica, mi corazón no tendría que despedazarse por ver cómo acaricia el pelo de otra, por ver como se ríe con ella y la mira con aquellos ojos que tantas veces me habían hechizado. Merecía ser feliz, lo menos que podía hacer por él era apartarme y dejar que siguiese adelante. No todos acaban con su primer amor ¿Cierto?

El chico se paró en seco y miró hacia atrás, justo donde estaba yo, paralizada y llena de refresco. Con el corazón en un puño me giré de manera brusca y comencé a caminar en dirección contraria

¿Me había visto? ¿Me había reconocido? Prefería no saberlo, lo mejor era salir del cine y volver a mi casa, allí estaría más segura. Ya habíamos pasado más de una vez por aquella situación; desde que rompimos nos habíamos visto un par de veces más, pero no había sido muy agradable, siempre estábamos tensos y a la defensiva. Nunca sabía cómo reaccionar, quería disculparme, hacerle saber lo arrepentida que me sentía, pero nunca tuve el valor de hacerlo ¿De qué serviría? Ya lo había fastidiado todo.

Alguien me empujó y yo me caí de rodillas al suelo. No tenía la energía suficiente para levantarme. Lo único que quería hacer era desaparecer y dejarme consumir por las lágrimas que clamaban por salir de mis ojos.
¿Por qué? ¿Por qué había sido tan estúpida? Le quise de verdad, con toda mi alma, incluso ahora, cuando pienso en los momentos que pasamos juntos, sé que le sigo amando.

Aun recordaba el extraño momento en el que comenzamos a salir; ambos, desde hacía tiempo habíamos sentido algo el uno por el otro, pero al final nos habían tenido que forzar para confesar nuestros sentimientos. Utilizábamos los juegos del escondite como excusa para pasar más tiempo juntos, a solas; siempre que podía me hacía regalos hechos a mano, me hacía reír y me protegía cuando alguien me hacía daño. Aun puedo sentir cómo acariciaba la palma de mi mano suavemente con sus dedos, cómo se sentaba a mi espalda cuando estábamos tirados en el césped, me envolvía con sus brazos y me acunaba. Cuando cerraba los ojos todavía me podía trasportar hasta aquella tarde en la que nos quedamos en su dormitorio viendo una película y, de algún modo, acabé quedándome dormida. No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos así, pero aún me quedaba sin respiración al recordar su rostro tan cerca del mío cuando me desperté; fue una sensación mágica y extraña.

Siempre que habíamos estado juntos me había tratado como una princesa, por mucho que intentase buscar alguna pega no lo conseguía. No importaba el tiempo que estábamos separados, en cuanto se reunía conmigo hacía lo imposible por demostrarme lo mucho que le importaba.

Justamente por eso me sentía tan miserable ¿Cómo podía haber sido tan desalmada? Daba igual que mi vida se hubiese convertido en un infierno de la noche a la mañana, esa no era razón para ignorarle como lo hice. Sí, es cierto que cuando lo hice no pensé en cómo se sentirían los demás, estaba muerta de miedo, no quería que me siguiesen haciendo daño; lo único que quería era protegerme.

Le ignoré, corté toda comunicación con él, no le contesté cuando intentó hablarme por Messenger ni le abrí la puerta cuando vino a mi casa. Sabía que quería una explicación, sabía que no entendía por qué estaba comportándome de aquella manera, pero en ese momento me pareció lo más adecuado. No quería estar con nadie, creía que él podía acabar también odiándome, pensé que en algún momento podría unirse a aquellos que me estaban arruinando la vida; si él también me traicionaba estaba acabada, no tendría nada a lo que aferrarme así que decidí cortar por lo sano. Me convencí de que lo hacía por su bien, para protegerle y que no se metiese en líos, de que lo hacía porque no quería que la tomasen con él, pero sólo era en parte, lo que en realidad estaba haciendo era defenderme.

Me tapé la boca con las manos para evitar que un sollozo se escapara de entre mis labios, las lágrimas resbalaban por mis mejillas y me emborronaban la vista. El arrepentimiento oprimía mi pecho, nunca debí haber tomado semejante decisión, tenía que haber dejado que se convirtiese en mi apoyo, tenía que haberle dado una oportunidad, dejar que me demostrase que él nunca me haría lo mismo que ellos, pero ya era demasiado tarde.

Cuando me di cuenta del error que había cometido no tuve el valor de decírselo. Quise disculparme, suplicarle perdón, pero los años iban pasando y las oportunidades de hacerlo desapareciendo.

Ahora cada uno tiene su vida, él seguramente lo habría superado hacía mucho, quizás ni me recordara.

Suspiré; puede que fuese mejor así, no era quién para abrir viejas cicatrices, lo pasado, pasado está. Es cierto que yo le sigo amando y lo más seguro es que él siempre sea poseedor de una parte de mi corazón, pero no quiero ponerle en un aprieto de nuevo. Guardaré mis sentimientos y los mantendré ocultos bajo llave, quizás nunca sepa la verdad detrás de lo que hice, pero espero que aun así, algún día, pueda llegar a perdonarme.

Miré de reojo hacia el lugar donde había estado y sonreí.


-Lo siento mucho, ojalá pudiera volver al pasado y retractarme. Lo único que puedo decirte es que espero que seas muy feliz y que, pase el tiempo que pase, siempre te querré-.