lunes, 22 de febrero de 2016

La sombra de mi pasado - 2ªPARTE

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Me desperté de golpe, rígido y con la sensación de que mis pulmones estaban a punto de estallar. Me puse aún más nervioso de lo que ya estaba, no entendía qué era lo que había sucedido. Las personas parecían estar agolpándose a mi alrededor, curiosas; no lo sabían pero estaban fomentando mi ataque de pánico.

La chica que antes había estado agarrando mis piernas ahora estaba a mi lado, parecía estar dándole indicaciones al compañero que había ocupado su posición.

Al verme despierto apoyó su mano en mi hombro y me sonrió —Tranquilícese, vamos a ayudarle — Luego agarró una bolsa de plástico y me la mostró — Ha estado inconsciente durante unos segundos, ahora le voy a poner esta bolsa en la boca y usted lo único que tiene que hacer es respirar dentro de ella ¿Lo ha entendido?

Yo asentí, conocía el procedimiento. Me daba vergüenza admitirlo pero no era la primera vez que me desmayaba en público.

La chica hizo lo advertido y me la colocó en la boca. Al principio no noté efecto alguno pero poco a poco dejé de hiperventilar y mi cuerpo se relajó. Seguía aturdido y sin fuerzas, pero por lo menos lo peor había pasado.

—Muy bien, eso es —Miré a la chica de reojo mientras su compañero echaba a los curiosos. No parecía tener más de veinte años, su pelo moreno estaba a la altura de la barbilla, tenía los ojos azules, un piercing con forma de estrella en la nariz y llevaba puesto el chaleco rojo típico de la Cruz Roja.

“Claro, por eso me ha ayudado”. Por un momento me sentí decepcionado ¿Qué esperaba? ¿que una chica tan guapa como ella se hubiese sentido atraída por alguien como yo? ¿Un chico que no era capaz de salir sin preocuparse constantemente por la cantidad de gente que se podría encontrar? Patético.

—¿Está mejor? ¿Cree poder incorporarse?

Asentí débilmente y aparté la bolsa de mi boca para poder sentarme con mayor facilidad. Solté un suspiró y me apreté la cuenca de los ojos con las manos. Estaba muy cansado, como siguiera así no sólo iba a tener miedo a las multitudes, también iba a desarrollar una agorafobia*.

—¿Quiere la bolsa de nuevo?

Me mordí el labio y miré a la chica —No hace falta, ya estoy bien.

Intenté levantarme, pero mis piernas me fallaron en el último momento así que acabé de nuevo tirado en el césped. La joven me agarró de manera automática el brazo para evitar que me hiciese más daño del necesario.

—No sea así, vamos a la ambulancia, ahí estará más cómodo.

—No, lo único que quiero es irme de aquí —La recuperación había sido temporal, mis manos habían comenzado a temblar al ser consciente de nuevo de en dónde me encontraba. Había sido un ingenuo al pensar que por una vez podría soportarlo, que podría vencer ese miedo patológico que tenía desde los nueve años. Sin duda era más fuerte que yo.

—No sé si es buena idea, todavía no está bien.

—Lo estaré, vosotros ya habéis hecho bastante por mí, gracias, ahora tengo que salir de aquí.

Me ayudó a levantarme y me despedí, quería ponerme en marcha lo antes posible, no quería que viesen mi recaída, simplemente quería desaparecer y hacer como que nada de aquello había pasado, sin embargo ella me detuvo.

—Espera —Llamó a su compañero y le dijo —Dile al supervisor que me he tenido que ir para acompañar a un paciente y que me cubra mientras no estoy.


No pudimos contestar ninguno de los dos, me agarró de la muñeca y prácticamente me arrastró hasta la salida. No tenía ni idea de a dónde pensaba llevarme, pero total ¿Qué más daba? Lo único que quería era escapar de aquella masa de cuerpos que amenazaba con aplastarme.
                                  
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Agorafobia: miedo a salir fuera de casa por anticipar posibles situaciones arriesgadas.

(EL PRÓXIMO LUNES SE SUBIRÁ LA 3ª Y ÚLTIMA PARTE DE ESTE MINI RELATO DONDE SE DESCUBRIRÁ EL MOTIVO DE LO QUE LE PASA AL PROTAGONISTA).